Archivo mensual: enero 2007

Hasta la vista señor Sheldon

Adios señor SheldonNo sé de muchos escritores que tengan un dia propio. Ni siquiera una estrella en el prostituido paseo de la fama. O un Oscar; o un Emmy. Pues el señor Sydney Sheldon tenía las cuatro cosas, además del título de ser uno de los autores con más bestsellers en su carrera. Y a pesar de todo esto, siempre fue el típico autor que a mucha gente le daba un poco de vergüenza admitir que leía. Quizás porque en el fondo, muchos lo señalaban como literatura de misterio fácil. Libros de aeropuerto o de sala de espera del dentista.

De padre judío alemán y madre rusa, Sheldon empezó en Hollywood, en esos años grises de entre guerras, trabajando como guionista de películas de serie B.  Luego, piloto en la II guerra mundial, y luego escribir y escribir.

Así fue hasta el 30 de enero, cuando el señor Sheldon, a sus 89 años, escribió el epílogo de una vida de bestseller, con una pulmomía mortal en su rancho Mirage, en California.

Atrás deja 18 novelas que escribió después de los 50 años, 300 millones de ejemplares vendidos y una larga estela de lectores ocultos y anónimos que ahorala bella genio seguramente saldrán a la luz, reconociendo a Sheldon los meritos que le negaron en vida. Y todos a leer sus novelas, porque se pondrán de moda.

Los de mi generación al menos lo recordaremos por las series de tv mi bella genio o los Hart investigadores

Como en sus historias, el asesino sólo se descubre al final…

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Cuidado, “Cara de Piña” ha vuelto

Cara de Piña en sus dias de poderYa parecía cosa del pasado. De la historia de bandidos, bandoleros y criminales, pero no. El próximo 9 de septiembre el ex dictador panameño Manuel Noriega, a sus 72 años, saldrá de la cárcel después de haber cumplido una pírrica pena en una celda-apartamento de Miami.

“Cara de Piña”, como se le conocía por aquellos días en que era el hombre fuerte de Panamá, y anfitrión de cuanto narcotraficante se paseaba por el continente, estuvo más o menos 17 años en la cárcel. Eso, después de gobernar a sus anchas el istmo entre 1981 y 1989. Eso, después de que Estados Unidos montara toda una invasión del país (¡lllamada “Causa Justa”!) para echarle el guante. Más de 1.000 muertos en dos semanas sólo para eso. Sólo para mandarlo a la cárcel “de por vida”. Y ahora a la calle, tan ancho.

Claro, lo cierto es que al parecer Noriega, uno de esos malos malísimos, contó algunas cositas que tenía anotada en su “querido diario y eso a los gringos les gustó (quitando la parte de la CIA, claro). De toda la vida, la cosa quedó en 17 añitos. Y paradójicamente muchos de sus “ex amigos” o están muertos o presos (esos sí, de por vida).Noriega, cuando le esperaba todoa una vida en la carcel

Lo peor de todo es que después de tanto tiempo en Miami, “Cara de Piña”, no logró adaptarse al estilo miamiesco y  parece decidido a regresar a Panamá. Y aunque tiene causas pendientes allí (alguna que otra muerte y desapariciones), parece que está dispuesto a afrontarlas, eso sí, con la probable ayuda del presidente Martin Torrijos, hijo del general Omar Torrijos, un “padre” para Noriega. Ya veremos si en realidad son tan “hermanos” como dicen. Aunque creo que los panameños no querrán esa piña en su mercado.  Y lo peor es imaginárselo en un par de años lanzándose a la presidencia….como es la moda.

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Un público medio “lost”

A punto de encontrarlosLa verdad es que nunca estuve muy enganchado a los Archivos X. Quizás algunos capítulos sueltos (sin entender nada, por supuesto) pero poco más. Y tras un montón de años al aire, películas y demases, creo que la serie terminó más tarde que pronto. Pero tampoco soy un experto.

Mas eso fue hace algunos años. Ahora vivimos en la época de las series (más que en los años 80’s), tipo “culebrón”: tienes que ver todos los capítulos desde el principio para entender el sentido de una frase, una sonrisa o una simple mueca. Debemos admitirlo, eso no pasaba con Stephen J. Cannel.

Pero bueno, al final me he vuelto adicto a algunas series, inevitablemente, de argumentos e historias retorcidas, dramas tipo soap opera y el maldito suspenso con el que nos dejan durante una semana infinita hasta llegar al siguiente capítulo.

Pues bien, en este punto llegamos a Lost, la ya cuasi mítica serie que quien no la ha visto desde el primer capítulo es mejor que se dedique a las comedias locales, porque el tema tiene tela.

Empecé a verla por equivocación (muy “lost” entre la pobre oferta televisiva) justo el primer capítulo y la cosa no pormetía: otra típica serie del avión que se cae y sus pobres sobrevivientes (¿rollo la isla de gilligan?). Pero la cosa no fue tan así, y empezamos a engancharnos y mucho. Árduos debates sobre la suerte de los personajes, sobre lo que sucede realmente en la isla.

Intenso, muy intenso. ¡Algo que parecía capaz de absorber toda la imaginación de un vil telespectador!

Sin embargo, algo pasó. Si, algo (rollo místico de la isla). Al finalizar la segunda temporada dejé de ver la serie. Y por lo visto, muchos como yo han hecho lo mismo. ¿Por qué?

En el Reino Unido, la tercera temporada de Lost perdió un millón de espectadores. En Estados Unidos, el 14 por ciento cambió de canal. Y por estos lados, al menos yo lo hice.

Ahora dicen que ya están pensando en el final de la serie. A mi me parece bien. Creo que, y me parece un caso curioso, algunos tocamos nuestro límite de sufrimiento. Especialmente al ver que al final es una serie que gira alrededor de sí misma, que la angustia es un prometido desenlace que no llega. Y no sólo no llega sino que te lleva otra cosa. Y a otra, y a otra. Y yo me cansé. Y un montón de gente al parecer también se cansó.

Así que nos largamos de la isla.

Y vimos que en otro canal estaban echando House.

Quizás en la publicidad vuelva a Lost. Aunque seguro que no entenderé nada del final.

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Un tipo llamado Mengitsu Haile Mariam

Negus Rojo en sus buenos tiemposDurante mucho tiempo, cuando oíamos hablar de Etiopía nos venía en mente la imagen de ese videoclip “we are the world, we are the children“, en el que los “grandes” cantantes de la época (¿mediados de los 80’s?), se reunieron, cantaron ese estribillo que hasta hoy tenemos grabado y recaudaron un montón de dinero para ayudar a esos niños famélicos y al borde de la muerte que veíamos en la tele.

En esa época, al menos para mí, África era un lugar lejanísmo, y Etiopia un lugar donde los niños tenían la cabeza muy grande y se morían de hambre rodeados de moscas que les robaban las pocas migajas de pan que les colgaba de la comisura de los labios. No es un bonito recuerdo, ni tampoco yo he sido nunca un activista de nada.

Pero esta semana me he vuelto a acordar de esos niños, y del “we are the world, we are de children”; de Michael Jackson, Diana Ross, Steve Wonder y de un tipo llamado Mengitsu Haile Mariam.

En realidad, miento si digo que me he acordado de él, pues solo supe quién era hasta muchos años después, cuando todo la realidad empieza a perder el sentido del “porque sí” de nuestros padres.

Y me acordé de él porque esta semana un tribunal etíope y por otras tantas atrocidades cometidas por él y sus cómplices de cabeza pequeña durante la época del “Terror Rojo”, el período en el que gobernó Etiopía (1977-1991).

La historia de Mengitsu Haile Mariam es igual a la de otros dictadores del club: en 1974 da un golpe de Estado, asesina al entonces emperador Haile Selassie y a partir de 1977 se instala en el poder junto a comité llamado “dergue”.

A partir de ahí, instauran un régimen militar-marxistas y se dedicaron a cazar a los enemigos del gobierno, que a juzgar por la cantidad de muertos, no eran pocos. Secuestros, ejecuciones sumarias, torturas y el sin fin de macabras opciones del manuel del buen dictador le sirvió a Haile Mariam para ganarse el apodo de “Negus Rojo”.El tal Mengitsu Haile Mariam

Todo hasta 1991, cuando la Unión Soviética tocó su fin y “Negus Rojo” y los suyos se dieron cuenta que el ajuste de cuentas estaba muy cerca. Así que el tal Mengitsu Haile Mariam, una madrugada de 1991, cuando el régimen estaba por caer, hizo sus maletas, juntó sus millones (no olvidemos we are the world, we are the children) y se largó a Zimbabwe. Allí se compró un rancho y se sentó a mirar el horizonte.

Un tribunal de Etiopia lo condenó esta semana a cadena perpetua, despues de 11 años de proceso. A él, y a otros del “dergue”. Pero Haile Mariam sigue en su rancho de Zimbabwe, ahora mismo, riéndose del veredicto que lo condena a una cadena perpetua que nunca cumplirá.

Se morirá de viejo, y en libertad, como parece haberse convertido ya en una moda entre los ex dictadores. Y quizás con la complicidad de los mismos que de manera pusilánime se dedicaron a recaudarle dinero: “we are the world, we are the children“.

A veces la justicia parece un chiste malo.

Y eso no me gusta. No señor.

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Humanos en exhibición, vaya novedad

Vista la foto, seguro que el experimento será un éxito rotundo.Yo creo que la geografia influirá en algo. De hecho, estoy seguro. Pues si no, ¿de qué manera podemos explicar que el zoologico de Adelaida, en Australia, anuncie como gran primicia que durante un mes sus ilustres visitantes  podrán observar a un grupo de seres humanos en el sitio que actualmente ocupan los orangutanes (que me imagino ocuparán las oficinas del zoo en ese tiempo).

Pero lo malo no es eso sino que lo anuncien como primicia mundial: ¡el zoo humano! Y encima con truco: porque los tres hombres y las tres mujeres al final del dia podrá ir a dormir a sus casas y rotarán semanalmente -quizás para que los orangutanes no se aburran en las oficinas-.

“Yo nunca he sabido como es pasar una semana en el recinto me va a dar una buena idea de los olores, sonidos y lo que se siente al ser mirado a los ojos por miles de personas cada día”, dijo en declaraciones a radio ABC, la super experta Carla Litchfield, la única que pasará un mes completo en el “zoo humano”.

A mi el tema me entristece sobre todo por la memoria del mítico cazador de cocodrilos Steve Irwin, que no se andaba con estas falsas primicias. Y digo falsas, porque de ahí viene el espanto y la indignación: después de tragarnos 8 Gran Hermanos, y no se cuántas “Casas de tu vida”, entre otros miles de realities, estos nos vienen con el cuento del “zoo humano” como la gran noticia.

Supongo que a la super experta Carla Litchfield le haría mucha ilusión si le mandáramos algunos de esos super resúmenes con reguetón de fondo. Y talvez así abandonaría la estúpida idea de encerrarse en un zoológico como el gran experimento. Y encima, mandando a currar a los pobres orangutanes.

Si, seguro que es la geografía. Por algún lado tenía que estallar el rollo ese de las antípodas.

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Se vende país: interesados llamar a Michael de Sealand

El principado de SealandNo, no es ningún reclamo anti-sistema, se vende un país. Para ser más específicos, está a la venta el país más pequeño del mundo (que siempre será más grande que los pisos de protección oficial). Eso sí, vista la foto nos damos cuenta que el Principado de Sealand no es que sea el paraíso terrenal, pero como dicen los buenos agentes inmobiliarios, tiene unas vistas estupendas y una ubicación de lujo.

Y no sólo eso: Sealand emite pasaportes, tiene su propia moneda y hasta la selección de fútbol (aunque en la imagen no se pueda ver muy bien el monumental estadio). Así que el afortunado comprador no sólo será el nuevo príncipe de Sealand (claro, cada dueño impondrá su sistema político favorito, aunque os aconsejo seguir la línea del pricnipado), sino que tendrá su rostro acuñado en monedas y billetes y podrá escribirse su himno nacional.

Además, el bonito país (parte de un fortín de la II Guerra Mundial) está a solo una docena de kilómetros de las costas inglesas. En otras palabras, un vecindario tranquilo. Aunque Sealand está para reformar (pero ¿qué país no está cayéndose a pedazos?) no deja de ser un lugar tentador y con unos escasos “sealandeses” (dicen que cinco habitantes permanentes).

Los interesados en comprarse un país como Sealand, no tienen más que ponerse en contacto con su vendedor, el actual príncipe vigente Michael de Sealand. El precio es negociable. Mejor verlo.

Favor abstenerse agencias.

Página oficial de Sealand (para los más incrédulos)

P.D. Ah! También están disponibles los títulos de lores y barones de Sealand a precios muy módicos, tan sólo unas cuantas libras, ¡no te lo pierdas!

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Feliz cumpleaños señor Eco

Feliz cumpleaños señor EcoLo difícil de hablar de un señor como Umberto Eco, es hacerlo sin parecer esnob. O al menos, pretencioso y pseudointelectual. Y créanme, no es tarea fácil. Así que digamos que hablamos de un tal señor Eco, tan simpático él, que conocimos alguna vez y que precisamente alguien-en este caso yo- nos recuerda de su 75 cumpleaños (5 de enero). Y que para poner la cosa un poco más complicada, digamos que los verdaderos amigos del señor Eco nos invitan a decir algunas palabras en un brindis en su honor en una cena bastante discreta en algún pequeño ristorante de Bologna (Y esto ya suena bastante esnob y pretencioso, pero digamos que así es).

Así que, alzando un vasito de cristal medio lleno con un vino tinto de la casa hago el tlin, tlin de rigor y comienzo por decir que lo que me une al señor Eco, aparte de sus libros -a ratos bastante “densos”- son dos estúpidas anécdotas: la primera, en mi primer año de la universidad y tiene muy poco que ver con él. Me explico: el defecto más maravilloso de un estudiante universitario es su pedantería y su certeza de ser un intelectual iluminado que puede resolver el mundo en el intermedio de una cerveza y otra. En ese sentido también vagan sus conversaciones de cafeteria pseudointelectual.

Puestos en este contexto, imaginemos el escenario de universitarios recién llegados que inician una conversación absurda, llena de referencias bibliográficas vacías -pero que es la única forma de señalar tu territorio- y que en un momento dado se encamina hacia lo evidente:

– Pues a mi me gusta mucho Foucault, pero me cuesta un poco entender su concepto de poder o la figura del vigilante en un contexto social mediatizado. ¿Lo has leído?

– Si claro, por supuesto.

– ¿Qué has leído de Foucault?

– ¡El péndulo!

Sin duda, la anécdota podría acabar aquí, en medio de la carcajada de los pseudointelectuales, dándole su cuota de responsabilidad al señor Eco por hacer un título que parece enajenarlo como autor. Pero como es su cumpleaños, hagamosle el honor de adjudicarle la primera lección sobre el señor Eco: El péndulo de Foucault, no es de Foucault sino -¡sorpresa!- de Umberto Eco. (¡Y yo no era el protagonista de la anécdota!). Sigue leyendo

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