Archivo mensual: marzo 2007

Simulacro con jet lag

Un simulacro de Jean baudrillard“En el fondo, mi escena primitiva es esa; que hoy ya no sé, al mirar tal o cual cuadro, o peformance o instalación, cosas así, si están bien o no, y ni siquiera tengo ganas de saberlo en verdad, entonces hallo que estoy como en suspenso, pero es un suspenso que no ofrece excitación alguna, que no es intenso; es un suspenso más bien de la neutralización y de la anulación.

Se trata entonces justamente de la desaparición de esa lógica, proporcionalmente inversa a la de la producción de cultura. He empleado para ello una expresión, más bien un juego de palabras: el grado “Xerox” de la cultura, que, por supuesto, es a la vez el grado cero del arte, el del vanishing point del arte y de la simulación absoluta.”

Regresso al “mondo gozzer” después de un receso sin motivo. Y vuelvo con las palabras de otro para recordar precisamante a ese “otro” que murió el pasado 6 de marzole professeur Jean Baudrillard.

Esas palabras de Baudrillard salen de una conferencia que dictó en Caracas, Venezuela, en 1994, llamada “la simulación en el arte”. Y supongo que son las típicas frases que escuchamos o leemos y se nos ocurre pensar “pues mira, a mi me pasa lo mismo”. Y que te pase eso con un filósofo de la escuela germana, marxista y finalmente post-posmoderna, quizás explique lo impresionante que fue Baudrillard.

Explicarlo, o al menos intentar explicar lo que él a su vez quiso explicar en vida es ya harina de otro costal. No porque sea de esa filosofia para dormir elefantes, sino porque resultaría una extrema falta de respeto. Pero quedémonos con su idea de simulacro, simulación e hiperrealidad. Y no hace falta haber pasado los años de la universidad en tertulias etílicas especulando sobre la posibilidad de extirpar el hipocampo como única posibilidad científica de asumir la posmodernidad. Sólo basta con el ejemplo típico de los jovencitos antiglobalización: decir que la realidad no existe, que lo que creemos realidad no es más que una “simulación” de ésta construida por los medios de comunicación -por la televisión-; una “hiperrealidad” que niega la historia. (Y perdonen uestedes la vulgaridad de la definición, pero no está lejos de su teoria).

“Realidad virtual”, que hoy parece un término tan trillado, fue construido por Baudrillard, repasando al señor McLuhan (muuuuucho antes de Internet), y también a Baudelarie y al mismo Walter Benjamin:

 “Baudelaire denunciaba el universo de la publicidad diciendo: «Eso no es más que sentimentalismo, estética, y el arte tiene que diferenciarse radicalmente e ir por el contrario hacia un absolutismo de la mercancía». Pero el arte se ha convertido en general en una especie de prótesis publicitaria, diría yo, y la cultura en una especie de prótesis generalizada.

Baudelaire quería llevar la simulación hasta su extremo; dice: «Estamos en la modernidad. Aceptemos el juego de la modernidad. Hay que llegar hasta una simulación triunfante». Nosotros en cambio estamos más bien en una simulación vergonzante, repetitiva, depresiva. El arte es un simulacro (de todas maneras estamos en la zona de los simulacros), pero un simulacro que tenía el poder de la ilusión. Nuestra simulación por el contrario ya no vive sino Le gustaba hablar de Warholdel vértigo de los modelos, lo cual es enteramente diferente. El arte era un simulacro dramático en el que estaban en juego la ilusión y la realidad del mundo, y hoy no es más que una prótesis estética. Entonces, evidentemente da al término «estético» un sentido peyorativo, en cierto modo.”

Para los que alcanzaron engullir un par de gotas de la posmodernidad de Lyotard, Vattimo e altri tanti, el discurso parece familiar. Pero que un señor, pasados los 70 años, nos diga, por ejemplo, que la guerra del Golfo, no tuvo lugar sino que fue parte de esa “simulación”, de esa “hiperrealidad” construida por los medios, tiene lo suyo. Y tiene esa estimulante virtud de tenerte horas y horas en medio de preguntas tontas sobre tu propia “realidad”. ¿Es o no es?

Ni siquiera sé muy bien donde termina esto. Bueno si, en la muerte Baudrillard, el 7 de marzo en París, tras una larga enfermedad y tras años de despotricar contra la sociedad de masas y siguiendo en solitario cuando los feroces guerreros de la posmodernidad decidieron enterrar el hacha y asumir (no sin cierta revulsión para algunos de nosotros) que la cosa no tenía ni sentido, ni fin.

” El silencio está expulsado de las pantallas, expulsado de la comunicación. Las imágenes mediáticas ( y los textos mediáticos son como las imágenes) no callan jamás: imágenes y mensajes deben sucederse sin discontinuidad. Ahora bien, el silencio es precisamente este síncope en el circuito, esta ligera catástrofe, este lapsus que, en la televisión por ejemplo, se vuelve altamente significativo- ruptura cargada a la vez de angustia y de júbilo-, al sancionar que toda comunicación sólo es en el fondo un guión forzado, una ficción ininterrumpida que nos libera del vacío, el de la pantalla, pero también del de nuestra pantalla mental, cuyas imágenes acechamos ,con la misma fascinación. La imagen del hombre sentado, y contemplando, un día de huelga, su pantalla de televisión vacía, será algún día una de las más hermosas imágenes de la antropología la pipa que no esdel siglo XX .”

 Eso es. Talvez, la muerte de Baudrillard no sea más que un ejercício más de simulación, esa de la que todos somos presa, y que en mi caso llega con jet lag. En todo caso, si todo esto le motiva a leer un poco de su obra la buena noticia es que podrá hacerlo sin tener que apagar la tele. De hecho, es mejor tenerla encendida: así podrá entender un poco lo que Baudrillard trataba de decirnos a gritos.

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