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Hasta la vista señor Sheldon

Adios señor SheldonNo sé de muchos escritores que tengan un dia propio. Ni siquiera una estrella en el prostituido paseo de la fama. O un Oscar; o un Emmy. Pues el señor Sydney Sheldon tenía las cuatro cosas, además del título de ser uno de los autores con más bestsellers en su carrera. Y a pesar de todo esto, siempre fue el típico autor que a mucha gente le daba un poco de vergüenza admitir que leía. Quizás porque en el fondo, muchos lo señalaban como literatura de misterio fácil. Libros de aeropuerto o de sala de espera del dentista.

De padre judío alemán y madre rusa, Sheldon empezó en Hollywood, en esos años grises de entre guerras, trabajando como guionista de películas de serie B.  Luego, piloto en la II guerra mundial, y luego escribir y escribir.

Así fue hasta el 30 de enero, cuando el señor Sheldon, a sus 89 años, escribió el epílogo de una vida de bestseller, con una pulmomía mortal en su rancho Mirage, en California.

Atrás deja 18 novelas que escribió después de los 50 años, 300 millones de ejemplares vendidos y una larga estela de lectores ocultos y anónimos que ahorala bella genio seguramente saldrán a la luz, reconociendo a Sheldon los meritos que le negaron en vida. Y todos a leer sus novelas, porque se pondrán de moda.

Los de mi generación al menos lo recordaremos por las series de tv mi bella genio o los Hart investigadores

Como en sus historias, el asesino sólo se descubre al final…

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Cuidado, “Cara de Piña” ha vuelto

Cara de Piña en sus dias de poderYa parecía cosa del pasado. De la historia de bandidos, bandoleros y criminales, pero no. El próximo 9 de septiembre el ex dictador panameño Manuel Noriega, a sus 72 años, saldrá de la cárcel después de haber cumplido una pírrica pena en una celda-apartamento de Miami.

“Cara de Piña”, como se le conocía por aquellos días en que era el hombre fuerte de Panamá, y anfitrión de cuanto narcotraficante se paseaba por el continente, estuvo más o menos 17 años en la cárcel. Eso, después de gobernar a sus anchas el istmo entre 1981 y 1989. Eso, después de que Estados Unidos montara toda una invasión del país (¡lllamada “Causa Justa”!) para echarle el guante. Más de 1.000 muertos en dos semanas sólo para eso. Sólo para mandarlo a la cárcel “de por vida”. Y ahora a la calle, tan ancho.

Claro, lo cierto es que al parecer Noriega, uno de esos malos malísimos, contó algunas cositas que tenía anotada en su “querido diario y eso a los gringos les gustó (quitando la parte de la CIA, claro). De toda la vida, la cosa quedó en 17 añitos. Y paradójicamente muchos de sus “ex amigos” o están muertos o presos (esos sí, de por vida).Noriega, cuando le esperaba todoa una vida en la carcel

Lo peor de todo es que después de tanto tiempo en Miami, “Cara de Piña”, no logró adaptarse al estilo miamiesco y  parece decidido a regresar a Panamá. Y aunque tiene causas pendientes allí (alguna que otra muerte y desapariciones), parece que está dispuesto a afrontarlas, eso sí, con la probable ayuda del presidente Martin Torrijos, hijo del general Omar Torrijos, un “padre” para Noriega. Ya veremos si en realidad son tan “hermanos” como dicen. Aunque creo que los panameños no querrán esa piña en su mercado.  Y lo peor es imaginárselo en un par de años lanzándose a la presidencia….como es la moda.

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Un tipo llamado Mengitsu Haile Mariam

Negus Rojo en sus buenos tiemposDurante mucho tiempo, cuando oíamos hablar de Etiopía nos venía en mente la imagen de ese videoclip “we are the world, we are the children“, en el que los “grandes” cantantes de la época (¿mediados de los 80’s?), se reunieron, cantaron ese estribillo que hasta hoy tenemos grabado y recaudaron un montón de dinero para ayudar a esos niños famélicos y al borde de la muerte que veíamos en la tele.

En esa época, al menos para mí, África era un lugar lejanísmo, y Etiopia un lugar donde los niños tenían la cabeza muy grande y se morían de hambre rodeados de moscas que les robaban las pocas migajas de pan que les colgaba de la comisura de los labios. No es un bonito recuerdo, ni tampoco yo he sido nunca un activista de nada.

Pero esta semana me he vuelto a acordar de esos niños, y del “we are the world, we are de children”; de Michael Jackson, Diana Ross, Steve Wonder y de un tipo llamado Mengitsu Haile Mariam.

En realidad, miento si digo que me he acordado de él, pues solo supe quién era hasta muchos años después, cuando todo la realidad empieza a perder el sentido del “porque sí” de nuestros padres.

Y me acordé de él porque esta semana un tribunal etíope y por otras tantas atrocidades cometidas por él y sus cómplices de cabeza pequeña durante la época del “Terror Rojo”, el período en el que gobernó Etiopía (1977-1991).

La historia de Mengitsu Haile Mariam es igual a la de otros dictadores del club: en 1974 da un golpe de Estado, asesina al entonces emperador Haile Selassie y a partir de 1977 se instala en el poder junto a comité llamado “dergue”.

A partir de ahí, instauran un régimen militar-marxistas y se dedicaron a cazar a los enemigos del gobierno, que a juzgar por la cantidad de muertos, no eran pocos. Secuestros, ejecuciones sumarias, torturas y el sin fin de macabras opciones del manuel del buen dictador le sirvió a Haile Mariam para ganarse el apodo de “Negus Rojo”.El tal Mengitsu Haile Mariam

Todo hasta 1991, cuando la Unión Soviética tocó su fin y “Negus Rojo” y los suyos se dieron cuenta que el ajuste de cuentas estaba muy cerca. Así que el tal Mengitsu Haile Mariam, una madrugada de 1991, cuando el régimen estaba por caer, hizo sus maletas, juntó sus millones (no olvidemos we are the world, we are the children) y se largó a Zimbabwe. Allí se compró un rancho y se sentó a mirar el horizonte.

Un tribunal de Etiopia lo condenó esta semana a cadena perpetua, despues de 11 años de proceso. A él, y a otros del “dergue”. Pero Haile Mariam sigue en su rancho de Zimbabwe, ahora mismo, riéndose del veredicto que lo condena a una cadena perpetua que nunca cumplirá.

Se morirá de viejo, y en libertad, como parece haberse convertido ya en una moda entre los ex dictadores. Y quizás con la complicidad de los mismos que de manera pusilánime se dedicaron a recaudarle dinero: “we are the world, we are the children“.

A veces la justicia parece un chiste malo.

Y eso no me gusta. No señor.

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Feliz cumpleaños señor Eco

Feliz cumpleaños señor EcoLo difícil de hablar de un señor como Umberto Eco, es hacerlo sin parecer esnob. O al menos, pretencioso y pseudointelectual. Y créanme, no es tarea fácil. Así que digamos que hablamos de un tal señor Eco, tan simpático él, que conocimos alguna vez y que precisamente alguien-en este caso yo- nos recuerda de su 75 cumpleaños (5 de enero). Y que para poner la cosa un poco más complicada, digamos que los verdaderos amigos del señor Eco nos invitan a decir algunas palabras en un brindis en su honor en una cena bastante discreta en algún pequeño ristorante de Bologna (Y esto ya suena bastante esnob y pretencioso, pero digamos que así es).

Así que, alzando un vasito de cristal medio lleno con un vino tinto de la casa hago el tlin, tlin de rigor y comienzo por decir que lo que me une al señor Eco, aparte de sus libros -a ratos bastante “densos”- son dos estúpidas anécdotas: la primera, en mi primer año de la universidad y tiene muy poco que ver con él. Me explico: el defecto más maravilloso de un estudiante universitario es su pedantería y su certeza de ser un intelectual iluminado que puede resolver el mundo en el intermedio de una cerveza y otra. En ese sentido también vagan sus conversaciones de cafeteria pseudointelectual.

Puestos en este contexto, imaginemos el escenario de universitarios recién llegados que inician una conversación absurda, llena de referencias bibliográficas vacías -pero que es la única forma de señalar tu territorio- y que en un momento dado se encamina hacia lo evidente:

– Pues a mi me gusta mucho Foucault, pero me cuesta un poco entender su concepto de poder o la figura del vigilante en un contexto social mediatizado. ¿Lo has leído?

– Si claro, por supuesto.

– ¿Qué has leído de Foucault?

– ¡El péndulo!

Sin duda, la anécdota podría acabar aquí, en medio de la carcajada de los pseudointelectuales, dándole su cuota de responsabilidad al señor Eco por hacer un título que parece enajenarlo como autor. Pero como es su cumpleaños, hagamosle el honor de adjudicarle la primera lección sobre el señor Eco: El péndulo de Foucault, no es de Foucault sino -¡sorpresa!- de Umberto Eco. (¡Y yo no era el protagonista de la anécdota!). Sigue leyendo

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¿Ha llorado usted por Turkmenbashi?

bye, bye turkmenbashiLa pregunta hace pensar. Porque el tipo acaba de morir y son pocas las lágrimas que se han visto correr. Bueno, quizás porque Turkmenbashi no sea un nombre fácil de reconocer; llamémosle por su nombre de pila: Saparmurat Niyazov. ¿Tampoco? Entonces pogámoslo de un forma más escueta: el “presidente” de Turkmenistán ha muerto. Visto así la cosa no tiene mayor interés, especialmente porque para muchos Turkmenistán es una palabra que nos retumba en algún lugar de nuestra mapa imaginario de la complicada geografia mundial post-URSS. Para ponernos en antecedentes: Niyazov, presidente-dictador de Turkmenistán, murió a los 66 años tras 20 años en el poder, en los que desarrolló un culto a su personalidad y se hacía llamar Turkmenbashi: el padre de todos los turcomanos.turk4.jpg

Y lo del culto a la personalidad tiene tela, porque la historia esta llena de ejemplos, pero lo curioso es que con tanta información y estrechez de mundo en el que vivimos, apenas tengamos una idea menos que remota del tal Turkmenbashi.

Pues bien, resulta que el llamado Turkmenbashi un buen dia se declaró presidente vitalicio, machacó la oposición y le puso su nombre al mes de enero, y el de su madre a abril.

Turkmenbashi hasta en el pensamientoPero esto es sólo el comienzo. Entre sus sabias decisiones, Turkmenbashi prohibió cantar con pista grabada (doblar la voz), poner música grabada en las bodas y encender la radio del coche. Y a los médicos les hacía jurar fidelidad a él y no a Hipócrates. Ver para creer….

Uno de sus últimos actos fue inaugurar un parque de diversiones llamado “el mundo de cuentos de Turkmenbashi” . Luego el corazón no aguantó más tantas emociones ni tanto ego y sacó la mano. Pero eso ya estaba previsto: fue enterrado en la mezquita más grande de centro Asia, construida por él, y llamada -cómo no- “Espítritu de Turkmenbahsi”.

El excéntrico dictador de Turkmenistán

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